sábado, 8 de junio de 2013

¿Morirías por alguien?

Dale la última calada a ese cigarro gastado, la "última" dijeron. No fue la última, hubo otras más, otras que curaron muchas heridas, mucho dolor, curaron vuestras mentes, curaron vuestro malestar.
Habían vivido tanto tiempo juntos que se habían acostumbrado el uno con el otro, se conocían perfectamente, hasta que sus vidas cambiaron; por completo. Elegieron caminos distintos, el bien para uno; el mal para el otro. Cada uno siguió destinos diferentes; "algún día nos encontraremos" se prometieron el uno al otro. Pero, no se llegaron a encontrar. Ella se fue a vivir a Londres, él se quedó en España. Se prometieron palabras, hechos, diferencias. Era verdad, podían quererse para el bien y para el mal, podían hasta amarse.
Ella conoció a un chico, lo dejaron, volvieron, lo dejaron, y acabaron de nuevo juntos. Se dieron muchas oportunidades, pero mereció la pena. Él conoció a una antigua amiga de ella, duraron mucho tiempo, hasta que él se dio cuenta que no merecía la pena. Desde que sus caminos se separaron no volvieron a hablar, aun que hubieran promesas por cumplir. Eran uña y carne, eran "hermanos".
Él se quisó convencer de que ella volvería, de que volverían a estar como antes, pero ese día no llegó.
Se echaban de menos; mucho. A él le decían: "amigo mío la distancia es muy puta, y esto tú lo sabes más que ninguno de los que estamos aquí". Por una vez en su vida se había sentido mal, se había comido la cabeza de que volvería, sabía que no; que ella nunca volvería, que ella nunca le echaría tanto de menos como él a ella.
Ella... ella no era tan feliz como parecía. Estaba bien por fuera; pero muy quemada por dentro.
Se dio cuenta que le necesitaba, necesitaba que le animara con su sonrisa, que le dijera: "te quiero por encima de cualquier crítica de mis amigos", que le abrazara, echaba de menos su manera de sonreir al Mundo, su manera de decirle: "todo irá bien, te lo prometo", era tan diferentes; a la vez tan iguales.
No volvió a saber nada de él desde que se fue a Londres, no sabe todavía por qué se fue allí, ella no quería, solo lo hizo por aquel chico... ese maldito chico que la volvía loca, la enamoraba cada vez que le besaba. Lo dejaron hace unos meses, ella no podía volver hasta finales de año, y para eso, quedaba mucho tiempo.
Perdió todo lo que quería, lo que ella amaba, le perdió por un absurdo tío que le dijo que era "para siempe", con él sí era para siempre, él se lo prometió, y nunca mentía; nunca.

"Los caminos se unirán, que sí, que lo sé yo." - Se decía a ella misma. Tarde o temprano se dio cuenta que no; que ya no volvería a verle, que ya no volvería a sentir su colonia en su sudadera, que ya no volvería a entrar en su casa diciendo: "¿está Manu?" Que ya no volvería a sentir su sonrisa.

"Volverá, me lo prometió, y la promesa no se quedará en deuda."-Se decía a él mismo. Él sabía que volvería, que ella nunca quedaba una promesa en deuda. Quería volver a sentir su colonia en su cuello, su bonita manera de sonreir al Mundo, quería volver a entrar en su casa gritando: "¡Joder Paula! ¡Lo que tardas en arreglarte!" Sabía que volvería; lo presentía.

Meses después Paula volvió a su querida ciudad, a su ciudad natal, a su querida Cáceres. Solo quería ver a Manu, solo quería verle; y ver lo guapo que estaba, como siempre. Le buscó por todas partes, preguntó hasta en las afueras.
Toda su historia tiene su fin. Manu murió por cáncer de pulmón, Paula había dejado de fumar hacia dos años, pero él fumaba todos los días, y hacia un año le detectaron cáncer de pulmón, él siguió fumando sin saber que se estaba quitando la vida.
Paula, dijo: "si él muere, yo muero", y así fue días después Paula se suicidó, no quería estar allí sin él, si no estaba él, ¿para qué existir?
Por amor, se pueden hacer muchísimas tonterías, pero; desde luego veo sentido ha esta historia.
Si te hacen daño, y él único chico que has querido más que nada sea como tú hermano,
moriría por él.

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